Sígueme desde tu Email

viernes, 3 de enero de 2014

El Sinaí...la Montaña de Moisés ( Parte 1)

... y Yahveh bajó a la cumbre del Monte Sinaí, y desde allí llamó a Moisés a la cima de la montaña, y Moisés subió..
                                                                                                                                                                     EXODO 19-20

Nos dijeron : "...llevar ropa de abrigo porque hará mucho frío, y calzado fuerte y resistente para caminar un poquito, y algunas tiritas para los piés...".

Vinieron a buscarnos a las 22.00 h al hotel, en Sharm el-Sheikh.
Eramos 5 turistas: 2 mujeres mexicanas entradas en edad, una chica joven argentina muy atlética, mi chica y yo; el conductor y un guía ambos egipcios en un monovolumen destartalado. Al cabo de 1 hora de trayecto, por la carretera del desierto, muy bacheada y con controles del ejército cada pocos kilómetros, quedamos tirados en la cuneta con una rueda pinchada.

He de reconocer que me encantan los países árabes: estaba en mi salsa, tirado en una cuneta en el medio de la nada, a las 11 y pico de la noche, con un frío que pelaba, un cielo estrellado, con Vía Láctea y todo, como los que salen en las películas de Steven Spielberg y 2 egipcios discutiendo en árabe a voces, sin tráfico ni luces, la soledad absoluta... La cosa prometía

                      

Subsanado el incidente, al cabo de media hora reanudamos la marcha hacia Santa Catalina, el pueblo donde acaba la carretera. Al llegar allí nos sorprendió el bullicio de gente de todas las razas y países del mundo por allí atravesada, era impresionante. Además del caos de autocares, taxis, todoterrenos, camellos, etc. Tras la confusión y el desorden típicos, nos reúnen en pequeños grupos y nos adjudican un guía beduino al frente. Tras las presentaciones, bromas, etc,  nos dan una linterna a cada uno. También nos recomiendan que nos mantengamos en lo posible juntos, para no perderse

A la 1,30 h de la madrugada aproximadamente comenzamos a caminar. Al cabo de casi 1 Km  me llama la atención una mole negra a la derecha, a oscuras, con unos muros enormes y amenazadores... Es el Monasterio de Santa Catalina, dice nuestro joven guía.
 ! Qué ganas tenía de verlo !...Lo dejamos atrás. A medida que vamos caminando, la oscuridad se hace mayor, al igual que la distancia entre la gente. Con la linterna vamos viendo que el suelo es de tierra y piedras. Es muy incómodo y hay que tener cuidado de no tropezar. Comenzamos a ver camellos a ambos lados. Muchos. Me encantan los camellos....

Camellos. Fotos Nacho SM
Aquella noche cometí el error de decir que no al camello. Además el alquiler era barato, Se puede subir al Sinai en camello hasta el tramo final, o andando. Me dije "... tengo que hacerlo a pié, tiempo habrá de coger un camello...si Moisés subió andando, yo también..."... No sabía lo que nos esperaba

                                                 
           El Monasterio de San Catalina está situado a 1.570 mt de altitud. El camino de ascensión  parte de allí, y poco a poco va incrementando su pendiente y dificultad hasta llegar serpenteando al inicio del tremendo tramo final: La Escalera de Moisés. Tras superar ésta, se llega a la cima a una altitud de 2.300 mt. después de haber caminado unos 3,5 km por un estrecho camino de tierra y piedras de granito , bordeando precipicios, con duros repechos rompepiernas a veces, librando camellos que adelantan o que están parados, y sin ver nada más que una infinita columna de puntitos de luz en movimiento, que son las linternas de la gente que va delante, marcando un desesperante camino de interminable subida. 

A lo largo de la ascensión hay 3 "áreas" de descanso, por llamarlo de una manera comprensible, con ambientados tenderetes, a modo de jaimas, donde los beduinos venden fósiles, geodas, piedras de todo tipo, pañuelos para el frío, bebidas, té, café... y siempre hay camellos atravesados, libres y baratos de alquilar, para seguir subiendo. También hay hogueras donde calentarse en compañia de gente absolutamente variada : japoneses, alemanes, latinoamericanos, sudafricanos... Un crisol de razas, una Torre de Babel. El ambiente, voces, colores y olores me parecen de lo más sugerente, estimulante y literario. Quizás por eso me fui quedando rezagado. Pero hay que seguir...

Creí que no llegaba... Tras 2 horas y media caminando cuesta arriba, esquivando camellos o heces frescas de su reciente paso,  sudando, jadeando por la boca, y haber dado varios traspiés con rasponazos incluídos en las manos,  logré llegar al inicio de la Escalera de Moisés. Detrás quedaban rezagadas las 2 buenas amigas mexicanas, y más gente que comenzaba a sufrir con la terrible ascensión. Menos mal que solo había que caminar " un poquito".

"... Es el tramo final..." decía el guía beduino casi con desdén, como quitándole importancia, y señalando un recodo de la roca. Un chaval joven, de piel quemada por el sol, flaco y ágil como una cabra. Así cualquiera... Pero cuando miré hacia lo alto y vi la columna de puntitos de luz con aquella inclinación, casi me da algo. No podré, me dije con enorme frustración... El frío en la garganta, de respirar agitado por la boca, el dolor de cabeza del esfuerzo obsesivo, y el temblor general en todo el cuerpo, no me impidieron dejar de mirar al suelo y alzar la vista para ver aquel impresionante cielo, que jamás olvidaré. Nunca vi brillar tanto la Constelación de Orión, Castor y Pollux, Regulus, Sirio, Procyon... y la Vía Láctea... ¡¡¡Qué fabuloso panorama del Universo...¡¡¡ En aquel sublime Firmamento estaban todas las estrellas.... 
Sí, definitivamente aquella tenía que ser la Montaña de Dios 

Consciente del momento, me dije " Yahveh...no podrás conmigo, a pesar de los ducados, los puros, y los muchísimos gintonics, cubalibres y blasfemias a lo largo de mi vida, no impedirás que llegue arriba y pise la cima de tu montaña...Si lo hizo Moisés, yo también...¡¡¡"

Y con esta épica determinación afronté los 350 horribles peldaños de granito, altos, irregulares, rotos y resbaladizos de la Escalera de Moisés ( también la llaman la Escalera de la Penitencia). Cuenta una leyenda que la hizo un solo monje en acto de acción de gracias. Pobre... Perdí el equilibrio y caí varias veces, blasfemé, iba como sin control, parando cada poco para ver por donde iba... pero por fin, y a las 5,00 h del 22 de Octubre de 2011, exhausto, logré hacer cima en la Montaña Sagrada. Comenzaba a clarear en el horizonte...


Aurora y Orto en la cima del Sinaí. Foto Nacho SM
Tras un tiempo de recuperación y adaptación, logré encontrar un sitio para ver la salida del sol. Mirando alrededor calculé que estaríamos allí arriba unas quinientas personas, pegados unos a otros, pues no hay mucho espacio en la orientación Este. El respetuoso silencio fue absoluto hasta que el sol se levantó del horizonte. Después de los aplausos, comenzaron los cánticos y rezos de la gente. Ya suponía que iba a pasar porque es lo mismo en todos los espacios bíblicos de Oriente Medio.

Amanecer en el Sinaí. Foto Nacho SM
Fueron unos minutos inolvidables que borraron el sufrimiento de la subida. Creo que es el amanecer más impresionante que he visto nunca. Se había cumplido uno de mis sueños : subir al Sinaí y ver su amanecer... El espectáculo es grandioso. El sol va tiñendo de color rosado toda la cadena montañosa del Djebel Moussa  o Cordillera de Moisés. Estábamos en un territorio sagrado para las 3 religiones : Judía, Cristiana e Islámica.   Allí le entregó Yahveh las Tablas de la Ley con los 10 Mandamientos, y allí le indicó las reglas de la futura relación con el Pueblo Judío, incluida la promesa de una Tierra y la construcción de un Templo.  

Panorama en la cima del Sinaí. Foto Nacho SM
Desde la cima se domina toda la Península del Sinaí hasta sus horizontes : el Golfo de Suez y Egipto por el Este,  el de Aqaba y Arabia por el Oeste, al Sur el Mar Rojo con los resorts turísticos,  y al norte la Franja de Gaza e Israel. Geológicamente es la misma formación rocosa que se ve en Petra-Jordania, y la misma piedra rosa de la ciudad nabatea y de la Arabia Feliz. Sin embargo en la montaña de Moisés abunda la veta de granito rojo, que ya era explotado en las canteras a cielo abierto por los egipcios, desde la expansión de Tutmosis III en la XVIII Dinastía ( El Éxodo judío está datado en la XIX dinastía, si tomamos como referencia el relato bíblico)

Capilla de la Santísima Trinidad en la cima del Sinaí. Foto Nacho SM
En la cima, con su poder evocador y su impresionante panorama sin igual, está construida la pequeña capilla de la Santísima Trinidad. Edificio de nave única del s. IV-V d.C.  y reconstruida en 1934, alberga en su interior frescos de la vida de Moisés. Está cuidada por un monje del Monasterio de Santa Catalina, que sube todos los días.

Tras respirar profundamente, girar los 360º nuevamente para llenarse de aquel panorama inolvidable,  y recoger un puñado de arena del suelo ( soy muy ritual en estos lugares), le dije adiós al Sinaí. Tocaba el regreso. Es decir, la bajada. Ahora podría ver por donde había subido hacía ya una hora y pico.

Primer tramo de la bajada. Escalera de Moisés Foto Nacho SM 

Escalera de Moisés. Foto Nacho SM
Escalera de Moisés. Foto Nacho SM
Escalera de Moisés. Foto Nacho SM      

Nunca me imaginé que el "tramo final" o Escalera de Moisés fuera tan largo y difícil de día. No me explico cómo había logrado subirlo de noche, tan empinado, sin señalización ninguna, sin ver apenas por donde pisaba, ni tener donde agarrarse... y agotado.

A estas alturas, la bajada casi era peor que la subida, pues había que ir frenando con los músculos cuádriceps de las piernas, y dando pasos o saltos irregulares, mirando bien la pisada pues un resbalón, o una caída podían ser peligrosos. Y el cuerpo ya no estaba para grandes solicitaciones. Por fin, el recodo que recibe de lleno la luz del Este, marca el final y la pendiente pasa a ser más suave, en tramos más rectos y abiertos al paisaje. También cambia la textura del camino, ya no tiene tanto granito y es un poco más cómodo

Bajando hacia Santa Catalina. Foto Nacho SM     
Bajando hacia Santa Catalina. Foto Nacho SM 
Camellos en el Sinaí. Foto Nacho SM      
Ellos también disfrutan del amanecer. Lo vienen haciendo todos los días desde los tiempos bíblicos. Lawrence de Arabia lo sabía muy bien: el camello está ligado al desierto, es su vehículo...y el desierto a las religiones semíticas. El Islam ha viajado a lomos de los camellos. Saben que estar en el Sinaí es como estar en el centro de la Historia del mundo. En ese mundo por el que no pasa el tiempo. El Beduino es al camello, como los 2 al desierto. Hay una relación áurea entre ellos,  y por eso nos atrae tanto a los occidentales. Es un animal muy inteligente, por el que siento una gran admiración y respeto. Tras esta reflexión y descanso en esas largas bajadas... seguimos descendiendo

Bajando hacia Santa Catalina. Foto Nacho SM
...Y seguimos bajando
A estas alturas ya había caído dos veces, por tropezones con piedras, pisadas en falso y resbalones. Bajaba muy rápido. Quería llegar abajo, y me dolían todos los huesos de cintura para abajo, las muñecas y los codos por las caídas. Todavía quedaba bastante por recorrer y aún no se veía el Monasterio. Además hacía mucho calor. A estas alturas no sabíamos nada de nuestras compañeras de excursión, ni del guía beduíno. Iba unos 30 metros por detrás de mi chica, dando traspiés, y parando de vez en cuando, con la excusa de hacer fotos, porque me costaba caminar. Seguro que tenía heridas en los pies. Ahora entiendo que nos dijeran que lleváramos tiritas. 

Llegando al Monasterio de Santa Catalina. Foto Nacho SM 
Llegando al Monasterio de Santa Catalina. Foto Nacho SM 
Eran más de las 8,00 h de la mañana, y por fin llegábamos al final de la bajada, tras 2 horas de caminata de descenso. Teníamos a la vista los muros del famoso Monasterio, con su enorme volumen ciego, hermético y cuadrangular, cuyas sombras  tanto me habían impresionado por la noche, y que ahora lucían ese color dorado característico de la piedra arenisca. Habían pasado 7 horas, y me parecía un mundo. Pronto traspasaríamos esos muros y entraríamos en otro universo...pero esa es otra historia

En sus aledaños viven los beduinos con sus familias y ganado: perros, cabras y camellos. Viven en jaimas, como desde siempre. Cuidan y protegen el Monasterio desde que el mismísimo Profeta Mahoma firmara una acuerdo de protección de su puño y letra, documento custodiado por los monjes, por haberle dado refugio en su momento. A cambio les obligó a construir una mezquita fatimí en su interior, que nunca se llegó a utilizar, pues al acabar la obra descubrieron que estaba mal orientada hacia La Meca. Esta protección libró al Monasterio de los efectos de la dominación musulmana, y de los convulsos siglos posteriores de las Cruzadas. Los beduinos son los encargados de llevar a los turistas y peregrinos en ascensión hasta la Cima del Sinaí. Lo hacen 2 veces al día: para ver el amanecer y para ver la puesta de sol. Mantienen limpios los alrededores del Monasterio, el Sendero a la cima, y la propia cima. A cambio hay que darles una propina final, y la bolsa del desayuno que los monjes venden a los turistas en el refectorio, dentro del Monasterio, al concluir la excursión.

...Continuará...

Nota del autor: 
Este relato es autobiográfico, no exento por tanto de la pasión ante la experiencia vivida. He evitado cualquier referencia a cuestiones religiosas, o de veracidad histórica de los hechos que aquí acontecieron según el Antiguo Testamento. No sé si fue aquí, o en el otro Djebel Moussa de Arabia, o simplemente no existió ningún lugar de entrega de las Tablas de La Ley al personaje Moisés. Ni creo que me interese ese debate. Opino que la narración bíblica del Éxodo está recreada por numerosos constructos históricos, alejados de la realidad, muchos inventados y concentrados en la construcción de un corpus histórico-religioso coherente. 

Tras leer muchas publicaciones y visitar Oriente Medio varias veces, tengo dudas de que el pueblo judío compuesto por más de 30.000 personas, con enseres, ganado, etc, hayan estado durante 40 años huyendo y deambulando por la Península del Sinaí, sin dejar ni el más mínimo registro arqueológico de su paso, y menos en la zona del Monte Sinaí, rica en mineral y controlada por el ejército del Faraón desde la XVIII Dinastía.
  
Moses, Musa, Moisés... son además nombres muy comunes en la toponimia nominal y geográfica de los territorios de Egipto, Israel, Jordania y Arabia, sin que sea vinculante para explicarlo el recuerdo, huella, presencia o paso del Moisés del Éxodo.

Asimismo, este relato y el que le sigue en segunda entrega, no están interesados por el rigor histórico fidedigno, ni la exactitud de los datos más allá de lo que se pueda consultar en cualquier libro académico de texto, guía turística cualificada, Google, los viejos del lugar, o lo que uno pueda deducir tomando café y charlando con un beduino en una jaima o con un monje en Santa Catalina. Mi visión siempre heterodoxa y ecléctica, es la del viajero o turista romántico interesado, plagada de componentes emocionales, estéticos  y sentimientos visuales. Mis narraciones descriptivas de ésta o cualquier otra parte del mundo, siguen la máxima de Jorge Valdano cuando dice que " la pasión da categoría al discurso". Trato de ver los lugares más importantes del mundo, exprimiendo su quintaesencia en sus momentos de belleza máxima: al amanecer o al anochecer, con frío o calor extremos. Incluso pernoctando entre sus ruinas y admirando los cielos estrellados. 

He contado muchas veces mi experiencia en el Sinaí a mis amigos, cenando o tomando copas: lo han imaginado, se han reído...nunca descarto la exageración en el relato de ciertas situaciones de máximos, hemos aprendido todos, ha surgido el inevitable debate histórico-religioso... pero todos quieren ir allí para vivir por sí mismos lo que yo les he contado... a mi manera...