Sígueme desde tu Email

lunes, 5 de octubre de 2015

Recuerdos desde el Creciente Fértil

                     En Memoria de Khaled Al-Asaad ( 1933 - 2015 ), que dio su vida por Palmyra.










El Eufrates 

Habían pasado dos días desde la salida de Palmyra. Fue un largo recorrido por carretera, con paradas técnicas y una visita para ver las ruinas de las impresionantes iglesias bizantinas de Sergiópolis, en Al-Resafa. Una antiquísima ciudad conocida como Rezef en La Biblia. Esos dos días estuve apagado, ausente de todo y en un estado de introversión absoluto. El movimiento ondulante del autocar, el calor y la monotonía del ruido del motor hicieron que fuéramos casi todo el tiempo durmiendo. Mejor.

Llegamos casi de noche a un pequeño hotel, en un palmeral, a las afueras de Al Thawra. Un pueblo árabe muy tranquilo, donde no había nada destacable que ver.
Las visitas previstas para el día siguiente iban a ser tranquilas: mercados, bazares, el río, una mezquita... y todas cercanas al pueblo, así que no hizo falta madrugar demasiado.

El implacable sol matutino y el aire caliente que entraba por la ventana del vetusto autocar, me sentaban bien, y a media mañana, tras parar en un mercado, llegamos al río Eufrates.

Castillo Qal´at Ja´bar


Castillo Qal´at Ja´bar. Foto Nacho SM
Qal´at Ja´bar está sobre una pequeña península a orillas de lago Buhayrat al-Assad. Un gran embalse en el cauce del Eufrates, formado por la presa de Al-Tabqah,  que está situada varios kilómetros aguas abajo. Fue una construcción defensiva del s.XII d.C. levantada sobre una anterior del s.VII d.C. En sus tiempos controlaba el tráfico de mercancías y caravanas comerciales, procedentes de Al-Raqqah, con destino a Occidente. 

Tiene una imaginativa geometría, valiente y curiosa en su forma. Diría que es moderno en concepción arquitectónica, con un potente volumen circular con diez bastiones cilíndricos repartidos, y doble amurallamiento concéntrico, por su paseo de ronda y foso, lo que añadido a su posición estratégica y elevada, hace que se visible desde muy lejos.
Construido entero en ladrillo rojo, recuerda algunos caravasar de carretera, típicas construcciones para descanso de las caravanas de camellos de los desiertos de Siria.

Y antes de empezar a caminar hacia el alto del Castillo, me acerqué a la orilla, a mojarme la cara y las manos con el agua del Eufrates. Una especie de bautismo.
De siempre soy muy amigo de estos rituales...


Castillo Qal´at Ja´bar. Foto Nacho SM

Con gran esfuerzo, y una importante sudada mañanera, llegamos al alto del castillo. En el centro se mantiene en pie la torre minarete, construida por Nur ed-Din ( 1118-1174), que gobernó Siria en tiempos de la Segunda Cruzada. No hay ningún resto visible más de la grandeza de este castillo. Pero el suelo estaba repleto de piedras con grabados, piedras y cerámica con dibujos similares a la terra sigillata romana. 

Cogí un trozo de cerámica con un rayado geométrico, con la intención de llevármelo de recuerdo, pero al final lo devolví al suelo. Hay algo que me empuja a dejarlo en su sitio. En definitiva es un trozo de su historia, que tuve todo el tiempo en mi mano, como tratando de impregnarme de ella, incluso lo limpié. Pero le pertenecía al lugar, no a mi, y es allí donde debía de quedar, aunque fuera una piedra rota. Tras un debate conmigo mismo me agaché y lo deposité cuidadosamente en el suelo. Es otro ritual que casi siempre repito.

No sé porqué me complico la vida con estos detalles, que al principio consideraba tonterías, pero a medida que pasan los años y me hago mayor, creo que devolver un trozo de cerámica rayada al suelo, después de limpiarla, es una actitud de respeto hacia el monumento. Pienso que si empiezas llevándote una piedra, puedes acabar llevándote un capitel...o que si todos nos llevásemos algo, en cuatro días ya no habría monumento.


Bastión de Qal´at Ja´bar. Foto Nacho SM
Qué lugar tan impresionante...
En el medio de la nada, solitario y vacío. Con un silencio absoluto,  
Allí me quedé un buen rato. Recuerdo que el viento caliente me quemaba la cara y la cabeza ya sin pelo. También la intensidad de la luz hacía que me llorasen los ojos sin parar. Apenas veía, a través del visor, para sacar las diapositivas que hoy puedo enseñaros, por fin digitalizadas.

Pero ya estaba acostumbrado, después de tantos días de viaje por Jordania y Siria, en lugares igual de emotivos, y me gustaba vivir esa sensación. Hoy, tras muchos años transcurridos, sigo necesitando de este tipo de sensaciones, que siendo agresivas e incómodas para la mayoría, son vitamina para mi, y necesarias para sentir la plenitud de los lugares.

Y a mis pies el Eufrates...inmenso hasta el horizonte. Parecía un mar. 
El "rio", como lo llamaban en la Biblia, el mismo que irrigaba Mesopotamia junto con el Tigris, y el rio que atravesaba Babilonia. Uno de los dos grandes ríos del Creciente Fértil...
¡¡¡ ¿Cómo describir esa sensación...?¡¡¡

Tras bajar nos dimos un buen baño en el río. El agua estaba fría pero se agradecía, pues el sol caía a plomo. Para secar me senté en una piedra, frente al castillo, y mirando al agua, me venía al recuerdo todo lo que había pasado hasta aquel día, desde que entramos en Siria. Había perdido el control del tiempo, y no sabía ni en qué día vivíamos. Sentimientos encontrados, detalles de tantos momentos inolvidables que me hacían reír solo, y de otros tan intensos y dolorosos... como lo de Palmyra...

Hama

Pero qué gracia cuando le preparamos el "golpe de estado" a Pilar, nuestra guía por el país, y con la que compartiríamos tantas cosas durante el viaje...
No lo puedo evitar. Cada vez que lo recuerdo, me río solo...
Fue en Hama...


Norias romanas de Hama. Foto Nacho SM
- A la derecha podéis ver las famosas norias. Uno de los milagros de la ingeniería hidráulica. Aunque la agricultura de regadío ya estaba desarrollada en el valle del río Orontes, las llamamos romanas pues las norias están testimoniadas en un mosaico de Apamea del año 469 d.C. Es un mecanismo de madera que sirve para extraer agua del río en cajones, y verterlo a unos canales artificiales que riegan los fértiles campos del valle. Funciona automáticamente con la corriente del río, como los molinos. Todas las civilizaciones que pasaron por aquí las respetaron, porque el agua es la fuente de la vida, las arreglaron, e incluso las aumentaron de tamaño. Hubo más de treinta, pero ahora solo quedan una docena de ellas, y algunas tienen hasta 20 mt de diámetro como la que vemos aquí delante. Estas de Hama siguen funcionando, facilitando la irrigación, y son del s.XIV / XV pero siguen el modelo de los tiempos romanos. Están protegidas.

Pilar era la guía acompañante del grupo por Siria, y era historiadora. Muy eficiente en las difíciles gestiones del papeleo. Eran tiempos tranquilos en Oriente Medio, pero había muchos controles militares en carretera, y además de transmitir seguridad, era muy buena explicándolo todo, micrófono en mano, desde su asiento de copiloto del autocar.


Norias romanas de Hama. Foto Nacho SM
Norias romanas de Hama. Foto Nacho SM
En cuanto subimos al autocar, tras ver las norias romanas y acomodarnos, me giré a los dos asientos de detrás 
-Luis... ¿tienes el mapa por ahí con el recorrido del viaje?... 
-Sí. Espera un momento...- Luis estaba dando cuenta del agua mineral con avidez -¿porqué lo preguntas? 
-¿Te acuerdas del libro que vimos sobre Apamea, la ciudad romana, en aquella librería antigua del zoco de Damasco?... es que llevo unos días con la mosca detrás de la oreja. Mira a ver por donde cae...

Luis abrió como pudo el mapa de Siria, que ya estaba hecho unos zorros de tanto mirarlo. 
-Localiza donde estamos ahora, y mira en el programa lo qué vamos a ver mañana...- yo ya estaba pensando a mil por hora-
-A ver... "Desayuno y salida hacia Ebla, importante ciudad-estado de 5.000 años de antigüedad, famosa por las tablillas, blá,blá,blá,... comida en carretera, a continuación, blá,blá,blá... llegada a Aleppo, la segunda ciudad más importante de Siria, blá,blá,blá...alojamiento y cena..."
-Vale, vale... Busca Apamea en el mapa, y por si acaso viene en árabe, busca Qal´at al-Madhîq, acabado en Q
-Mmmm...espera que no veo...aquí ...¡¡¡ está a medio camino entre Hama y Ebla. En la carretera general que va al norte, a Aleppo, hay un desvío a la izquierda...También se puede ir desde aquí y salir luego a la general. Depende...¿ porqué?...
-A ver... déjame ver el mapa...-me agaché en el pasillo del autocar a mirar el mapa con Luis-. O sea que por la mañana vamos a Ebla- iba haciendo el recorrido con el dedo-, pero antes está la desviación a Apamea...Sí... esto deben de ser unos 50 km como mucho. O sea que entre ida, vuelta y paseos unos 100 kilómetros, más una hora de visita... dos o tres horas dependiendo de la carretera, los controles militares... entonces, si saliéramos del hotel un par de horas antes de lo previsto...
-¡¡¡ Quieto Nacho, que te veo venir...¡¡¡- Luis ya se estaba poniendo la tirita antes de tener la herida- ¿En qué coño estás pensando...?
-¡¡¡ En qué voy a pensar, Luis...¡¡¡  pareces nuevo...¡¡¡ en ir a Apamea...¡¡¡


Emplazamiento Apamea. Google Maps
Luis me conocía de sobra, y sabía que cuando se me metía algo en la cabeza, no había nada que hacer, así que de inmediato empezamos a perfilar el plan. Descartamos la idea de ir por nuestra cuenta, negociando con algún taxista de Hama y quedar con el grupo en el cruce de la carretera general, a medio camino de Ebla, pues era arriesgado, podía pasar cualquier cosa o llegar a destiempo, y Pilar no admitiría romper el programa del viaje y mucho menos que el grupo se fragmentara por el país. La única opción era ir convenciendo a la gente del grupo, lograr una mayoría, y hacerle una propuesta a Pilar.

- Bueno Luis, ya sabes... en la cena de hoy vamos a ir hablando con todos. Les contaremos cómo es Apamea, la ciudad romana, y que tenemos que ir a verla sí o sí, y como suelen ponernos juntos o en mesas de 8/10 personas, acabaremos pronto.

Ni que decir tiene que antes de entrar a cenar en el hotel, Luis ya había convencido al grupo de catalanes, y yo lo mismo con dos matrimonios vascos. En el comedor hicimos la ronda con todos los demás. No hubo ningún problema. Todos estaban dispuestos a madrugar lo que hiciera falta con tal de visitar Apamea, y si teníamos que llegar  más tarde de lo previsto a Aleppo, no pasaba nada.

Y sobre la marcha Luis y yo abordamos a Pilar. Estaba tomando un té y fumando tranquilamente una narguile, en el bar del hotel. Tenía un montón de papeles delante, incluido un mapa de Siria medio abierto. El resto del grupo esperaba el resultado de nuestra embajada, charlando en pequeños grupos por el hall.

-Hola Pilar, buenas noches - tomé yo la iniciativa-. Venimos en representación del grupo a plantearte un tema urgente para mañana. Queremos hacer una variante en el recorrido ...-Pilar nos miraba fijamente, pero de reojo con una sospechosa sonrisa, mientras chupaba la pipa aspirando el humo perfumado en pequeñas caladas-
- Ya sé que queréis ir a Apamea, y me habéis revolucionado a todo el grupo...
-Ehhh...¡¡¡ pero...- reconozco que Pilar nos dejó descolocados- y, ¿cómo lo sabes...?
-Sé todo lo que pasa en mi autocar. Empezasteis vosotros dos a tramarlo en las norias romanas. Habéis estado hablando con todos, antes y después de la cena, lavándolos el cerebro, y ahora me venís de portavoces jefecillos, creyendo que me pilláis de sorpresa, jajaja... me encanta. ¿ Queréis tomar un té? El de este hotel es muy bueno...

Luis y yo quedamos con la boca abierta, con cara de gilipollas, y desarmados...
Teníamos que haberlo imaginado...Aparte de su experiencia, y psicología femenina Pilar era de esas mujeres que lo controlan todo. Yo creo que hasta sabía cuantas moscas había en el autocar, y el número de giros por minuto, que pegaba cada una... 

-Como no confiasteis en mi, proponiéndomelo en las norias, me he adelantado a vosotros, y ya lo tengo organizado. Saldremos una hora y media antes, cogeremos la desviación en Khan Shaykun. En el cruce hay un control militar y tienen que saber a donde va cada turista. En Siria no se despista nadie. Desde allí llegaremos pronto a Apamea. Lo hablé con el chófer y estuvimos haciendo números... Os costará 40 $USA a cada viajero, y pasaré cobrando en el autocar mañana, en cuanto salgamos. Os despertaré a todos a las 5.30 h. para salir a las 6.30 h. ok?

-También os anticipo que no podremos ver la ciudad entera, porque nos llevaría la mañana completa...Considerad esto como un favor que os hago. El precio cubre las tasas del control militar y los gastos extras del chófer. Este tour por Siria solo contempla una ciudad romana, y esa es Palmyra. Tengo que cumplir el programa, y hacer Ebla antes del almuerzo porque está esperándonos un arqueólogo. Tenemos mucha carretera por delante, que es siempre imprevisible, y muy poco tiempo. En Apamea pararemos en un extremo de la calle principal, y os dejaré 30 minutos como máximo. 
>Es lo que hay...La ciudad es gigantesca, la conozco bien y no puedo daros más tiempo. Ya podéis ir a decírselo a los demás. Veo que os están esperando en el hall. ¿Algo más...?


Apamea


Qal´at al-Madhîq. Foto Nacho SM
Como sucede siempre, las cosas nunca suceden como uno espera. El control militar en el cruce de Khan Shaykun fue más lento de lo esperado, pues los soldados, fusil ametrallador en mano, subieron al autocar, comprobando los pasaportes uno por uno, y haciendo todo tipo de preguntas. En aquel tiempo, 1989, no era frecuente ver a turistas camino de Apamea. El valle del río Orontes era una región pobre y con muy poca presencia policial. Además estaba frecuentada por grupos de Hezbolá, una organización musulmana, que políticamente adoptó el nombre de "Partido de Dios",  que comenzó como paramilitar y derivó en terrorista, implantada en Líbano a principios de los años 80, para contrarrestar las acciones de Israel por el norte, pero que se movía libremente por el territorio sirio, captando adeptos.

Carretera de Apamea. Foto Nacho SM
Carretera de Apamea. Foto Nacho SM
La carretera era estrecha, mala y muy bacheada. Había que circular despacio, y a veces el autocar tenía que salirse a las cunetas para librar los socavones. A derecha e izquierda se veían, hasta donde alcanzaba la vista, estructuras irreconocibles y restos diseminados de todas las épocas: árabes, bizantinos, romanos... Algo increíble...

Plano del sitio de Apamea. Fuente: Ross Burns
Apamea. Foto Nacho SM
La primera visión de Apamea fue indescriptible. 
Me levanté disparado del asiento...
No podía creer lo que estábamos viendo... ¡¡¡...era impresionante...¡¡¡... me parecía inconcebible que pudiéramos pasar a 40 km, sin ver esta joya de la historia...
Un campo infinito de ruinas grandiosas, con su Cardo Máximus de dos kilómetros de largo, uno de los mayores del mundo romano, y la columnata que se perdía en el horizonte...
No fui consciente en aquel momento de lo que me marcó esta primera imagen de Apamea, que hoy os muestro, pero la tengo grabada en mi mente desde entonces...
Y además no había nadie...
Tenía que bajar cuanto antes del autocar...


Apamea. Foto Nacho SM
La soledad en una ciudad romana incrementa, sin duda alguna, su potencial evocador. El impacto visual es mucho mayor si todo está vacío y en silencio. En condiciones tan especiales, parece que nace una extraña relación con el lugar, en la que uno se siente como un intruso, pues se percibe claramente que el lugar, aunque esté en medio de la nada, sigue vivo y nos habla a través de sus piedras derruidas. 
Comenzar a caminar por el impresionante Cardo Máximus produce una inquietante sensación de estar colándonos dentro de la historia, como si nos estuviéramos asomando a una ventana del tiempo, para ver algo que no nos corresponde. 
Se hace difícil pensar que Apamea llegó a tener una población de medio millón de habitantes, siendo la tercera ciudad más poblada del Imperio, tras Roma y Alejandría. Dada la división social de la época de esplendor, supone una proporción de unos 120.000 ciudadanos libres, considerando el resto como población esclava. 


Cardo Máximo de Apamea. Foto Nacho SM
Poco queda en pie, salvo algunos tramos de las columnatas del Cardo Máximus. Una avenida de 2 km de longitud, 25 mt de anchura de calzada y 40 mt entre muros, que recorre el valle de norte a sur, y que está cortada por dos Decumanus transversales, como podemos ver en el plano adjunto.


Apamea. Foto Nacho SM
En el escaso tiempo disponible corrí y salté de un lado a otro, hasta la extenuación, para sacar fotos, y ver todo lo que quedaba desde los mejores ángulos. Pero era imposible ni siquiera llegar a la mitad del Cardo Máximus. Todo estaba demasiado lejos y tenía muy poco tiempo. El terreno era inseguro, estaba lleno de guijarros y resultaba peligroso caminar sin mirar para un suelo lleno de restos con dibujos, relieves, trozos de columnas, frisos, capiteles, cerámica, incluso restos de vidrio antiguo de época incierta. 
Podías coger cualquier cosa del suelo, pues no había nadie que lo impidiera. 

Eso sí, al acabar la visita, unos cuantos árabes locales estaban en la puerta del autocar para vender antigüedades de pequeño formato: monedas romanas, bizantinas, trozos de cerámica, de mármol, cuentas de collares, pequeños camafeos desgastados, restos de hojas de acanto corintias. Puedo asegurar que todo era auténtico...
El expolio arqueológico en Apamea debió de ser permanente desde las campañas arqueológicas belgas del pasado siglo que pusieron en valor el yacimiento, y no me lo quiero imaginar ahora, que estos territorios están bajo el control del terrorismo del Estado Islámico, como sucede también en Palmyra, Mari, Dura Europos y tantas otras...

Apamea. Foto Nacho SM
Las excavaciones arqueológicas en Apamea comenzaron con la visita del belga Franz Cumont en 1930, y prosiguieron durante la década siguiente con Fernand Mayence y Henri Lacoste, financiadas por Le Musée du Cinquantenaire de Bruselas.

Se retomaron nuevamente a partir de 1965, acompañadas del inicio de restauraciones por parte de la Dirección General de Antigüedades y Museos de Siria. Desde entonces se han venido efectuando sondeos, catas arqueológicas, estudios concretos de la ciudad, y comparados con otras ciudades romanas, como Antioquía y Palmyra, por parte del Profesor Jean Ch Balty, durante los años 80 y 90, coincidiendo con nuestra visita. Los restos principales: mosaicos, esculturas, monedas, objetos de valor encontrados, así como toda la información de las campañas arqueológicas, documentación planimétrica, reconstrucciones ideales, etc, están expuestos y conservados en Les Musées Royaux D´Art et D´Histoire de Bruselas. Asimismo las escasas publicaciones existentes sobre Apamea, como la que estuve ojeando en el zoco de Damasco, y las editadas posteriormente, se podían adquirir o consultar en Bruselas, en la década de los 90. 
He intentado conseguir la reconocida Guide d´Apamée, de Jean Ch Balty (Profesor de Historia y Arqueología de La Sorbona, y especialista en la ciudad ), pero aún no lo he logrado. Seguiré intentándolo...


Apamea. Foto Nacho SM
Apamea, era conocida como Niya en los textos egipcios, acadios e hititas de los s.XV / XIV a.C. Dichos textos mencionan las campañas militares de Tutmosis I, Amenofis II y Tutmosis III, faraones de la XVIII Dinastía. Tras este tiempo pasó a ocupación hitita, y posteriormente al dominio persa aqueménida, hasta la conquista por Alejandro Magno. Conocida hasta ese tiempo como Apharnaké, pasó a ser llamada Pella por los macedonios. A la muerte de Alejandro pasó a dominio de Antígono I, que la ocupó durante quince años, y en el 301 a.C. a Seleuco I, fundador del Imperio Seléucida, pasando a llamarse Apamea en honor a su esposa, llamada Apama.

En este tiempo la ciudad fue fortificada, y adecuada para albergar un gran ejército. Un siglo de evolución urbana y diversos altercados, concluyó con la derrota de Antíoco III, asesorado por Aníbal, ante los romanos en 190 a.C., capitaneados por Lucio y Publio Cornelio Escipión, en la Batalla de Magnesia, en Turquía. El correspondiente Tratado de Paz, que acabó con el Imperio Seléucida, se firmó en Apamea.

Los siguientes años fueron de continua inestabilidad, hasta que Cneo Pompeyo, el Grande, anexionó finalmente Siria a la República romana en el 64 a.C.


Apamea. Foto Nacho SM
Bajo Roma, la ciudad vivió tiempos de gran prosperidad, como se deduce del censo ordenado por César Augusto a Publio Sulpicio Quirino, gobernador romano de Siria y Judea en el año 6 d.C., el conocido empadronamiento del Nuevo Testamento en tiempos del nacimiento de Jesus, en Belén de Canaán. Como resultado del censo se establece una población de 117.000 hombres libres. No obstante en tiempos posteriores, a finales del s.II, la ciudad alcanzó su máxima expansión urbanística, y la población podría haber alcanzado la cifra del medio millón de habitantes más población transeúnte. 

Por su posición estratégica avanzada, fue acantonamiento militar de varias legiones, contra las incursiones de los partos y los sasánidas persas, constando la presencia de los emperadores Septimio SeveroCaracalla, Alejandro Severo y Gordiano III. hasta la derrota definitiva de las legiones romanas de Valeriano, por el rey sasánida Shapur en Edesa, año 260 d.C.


Apamea. Foto Nacho SM
Apamea. Foto Nacho SM
Apamea sufrió un importante terremoto en el año 115 d.C. que obligó a una reconstrucción casi total, con un embellecimiento digno de admiración en su tiempo: calles con largas y bellísimas columnatas, foros, acueductos, mercados y templos. Mansiones adornadas con ricos peristilos, pavimentos de mármoles exóticos y mosaicos...

En tiempos bizantinos, con la llegada del cristianismo, fue sede de arzobispado con un importante desarrollo urbanístico, que dejó muchos vestigios arqueológicos. Los árabes en el s.VII, la Primera Cruzada con Tancredo, y luego los musulmanes con Nur ed-Din, lucharon por la posesión de la ciudad. Finalmente dos terremotos en los años 1152 y 1170 la destruyeron por completo. 
Los supervivientes se trasladaron a la colina Qal´at al-Madhîq, construyendo su ciudadela con los restos de la ciudad antigua, utilizada como cantera de material.


Apamea. Foto Nacho SM
El gobierno sirio inició lentamente un proceso restaurador durante los años 70 del siglo pasado, levantando sectores de columnas y ordenando las proximidades del Cardo Máximus. En Palmyra habían iniciado un proceso análogo, lento pero bien programado y en perfecta sintonía entre historiadores, arqueólogos y arquitectos sirios. Incluso en Apamea habían acondicionado un antiguo caravasar, como museo para albergar restos arquitectónicos, mosaicos, estelas...y así protegerlos del pillaje y el expolio incontrolado. Hoy día se sabe que parte de los contenidos han sido trasladados al Museo Nacional de Damasco, aunque nada se sabe de la situación de dicho museo local, así como de las ruinas de la ciudad romana.


Apamea. Foto Nacho SM
Apamea. Foto Nacho SM
Allá al fondo se ve el autocar...no sabía hacia donde caminar, ni donde se encontraba el resto del grupo, y eso que éramos unas cincuenta personas. La ciudad era nueva para mi, y solo identificaba el Cardo Máximus...
Es lo malo de ir sin información previa. Aquella visita había sido pactada con nocturnidad, alevosía, y robada al programa. En el fondo estábamos allí gracias a la firme decisión de Luis y mía, el día anterior en Hama, y a la inteligencia de Pilar, pues ella sabía que dos horas de desfase no suponían nada y, sin embargo, una negativa podía significar un mal ambiente para el resto del viaje. No podía pedirle más al momento, salvo recordarlo y buscar información a la vuelta:  libros y publicaciones que hablaran de Apamea.


Apamea. Foto Nacho SM
Miraba hacia el norte y luego, desorientado, hacia el sur. La luz cambiaba y me cegaba por momentos. No sabía para donde ir, pero no quería perder ni un detalle, pues intuía que algún día tendría que recordarlo todo para poder contarlo. Ese día ha llegado hoy. 
Pero en aquel momento feliz, fugaz, y de máxima intensidad, disfrutaba con la sensación de estar en completa soledad, sudando y desorientado. 
Han pasado 26 años desde Apamea, y sigo sintiendo lo mismo...

Apamea. Foto Nacho SM
Apamea. Foto Nacho SM
Restos en Apamea. Fotos Nacho SM
Tuvo que haber sido una ciudad muy rica, populosa y dinámica. Evolucionada en su configuración urbanística hipodámica, con su impresionante calle principal más ancha que ninguna otra de su tiempo, sus pórticos más altos y anchos que en Antioquía, Gerasa y Palmyra, y sus características columnas corintias entorsadas, con acanaladuras helicoidales, contorneadas en espiral, dan fe de su lujo y esplendor. En los estudios arqueológicos estiman más de 1.200 columnas en el Cardo Máximus...

Apamea. Foto Nacho SM
Apamea. Foto Nacho SM
Columnas Torsas en Apamea. Foto Nacho SM
Teatro romano de Apamea. Fotos Nacho SM
Esto es todo lo que queda del que fue uno de los mayores teatros romanos del mundo antiguo. Tenía 140 mt de diámetro, el mayor de Siria. Fue la principal cantera de material de construcción para la ciudadela, tras los terremotos del s.XII.

No hubo posibilidad de ver la zona norte, el otro extremo de la ciudad. El tiempo pasó volando y ya lo habíamos agotado. Me había alejado más de la cuenta, y tuve que echar una larga carrera por el Cardo Máximus hasta el autocar. Fui el último en llegar, jadeando y sudando. Pedí perdón a la gente por mi tardanza. La mirada de Pilar fue una mezcla de enfado por el retraso, y de comprensión...(ya me iba conociendo)

Apamea muchos años después...

Apamea. Foto Bernard Gagnon
El incremento del turismo internacional en Siria, en la década de los 90, y primeros años del presente siglo, trajo consigo la popularidad de Apamea y Palmyra como ciudades míticas romanas. Los accesos por carretera mejoraron notablemente, y los recorridos internos por los yacimientos arqueológicos, dispusieron de visitas guiadas por historiadores profesionales sirios. Con la llegada de las revistas de historia, arqueología y viajes : Rutas del Mundo, Viajar, Altair, etc, a los kioskos de prensa, la tecnología digital e Internet, la edición de fotografías y reportajes inundó la red, enriqueciendo el conocimiento de estas fantásticas ciudades del mundo antiguo. 

Conocimiento que os invito a compartir, consultando en Google, donde disfrutareis de muchísimas y excelentes fotografías, por supuesto mejores que las mías de aquel 1989.
Pero apelo a vuestra indulgencia, por haber sacado aquellas diapositivas, que casi son históricas, en las peores condiciones y con precipitación por el escaso tiempo disponible. 

Apamea. Foto Bernard Gagnon
Apamea. Foto Pullmantur
Apamea. Mosaico de la Caza.
Musée Cinquantenaire. Bruxelles. Foto Michel Wal
Apamea. Reconstrucción columnata.
Musée Cinquantenaire. Bruxelles. Foto Michel Wal

Y el sexto ángel tocó su trompeta...


Rio Eufrates desde Qal´at Ja´bar. Foto Nacho SM
Al cabo de un rato se acercó Luis. Venía de bañarse, secándose con la toalla, y como la piedra era grande, se sentó a mi lado.
-¿Sabes que río abajo se llega a Iraq?...- como siempre, Luis me miró con una mezcla de sorpresa y temor - El año que viene no, porque hay que ahorrar, pero dentro de un par de años, en el 1991... ¿no te gustaría ir a conocer Babilonia, el Zigurat de Ur, el Palacio de Ctesifonte, la Mezquita de Samarra...y todos los increíbles sitios arqueológicos que hay por allí?...Iraq tiene que ser un país impresionante...la única pega es la comida...bueno nos pondremos tipo fino, como aquí en Siria, jajaja... ¿qué te parece si le proponemos a Pilar que nos organice el viaje?...me está gustando mucho Siria, Luis. Estamos viviendo momentos que no vamos a olvidar. Ya verás cuando lo contemos por Oviedo. Lo estamos pasando bien ¿verdad?...¿cómo andamos de Farias ?... venga vamos a celebrarlo mientras la gente se baña...me encanta este sol, te lo dije otras veces ¿no?...

Y echamos la primera calada al puro, mirando al horizonte del Eufrates.
-¿Sabías que Abraham, el de la Biblia, era de Ur...? Jaja...
-¿Ese no fue el que lo lió todo? ¿el que tuvo el rollo con la esclava?... El Patriarca de todos: judíos, árabes, cristianos...menudo elemento...¡¡¡ Jajaja...
-Sí, el mismo...ya te contaré historias y cotilleos de él, pero cuando estemos en Ur...
Ya me veía yo subiendo con Luis, por la escalera del Zigurat de Ur. Sería una experiencia emocionante...qué pasada...¡¡¡

...................................................................................

...Y oí una voz procedente de los cuernos del altar de oro que está delante de Dios decir al sexto ángel, que tenía la trompeta:
"Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Eufrates".
Y fueron desatados los cuatro ángeles, que han estado preparados para la hora y día y mes y año, para matar a la tercera parte de los hombres.
                                                                                                                 (Apocalipsis 9:13-15)

El 2 de agosto de 1990, el Ejército de Iraq invadió Kuwait, desde Basora.
El 16 de Enero de 1991, comenzaron los bombardeos de la Guerra del Golfo. 
Desde entonces, la cuenca de los dos grandes ríos ha estado en guerra, más de un millón de personas fallecidas, más de un millón de personas desplazadas. Iraq destruido, y no hay quien me quite de la cabeza que la acumulación de causas, despropósitos y efectos de todos aquellos hechos, ha llevado a la actual situación. Siria está siendo también destruida hasta sus cimientos, incluyendo las legendarias ciudades romanas de Palmyra y Apamea. Solo nos quedará su recuerdo.